Iris

Escucho una canción que no sé como ni cuando se hizo nuestra. Nunca me la dedicaste, probablemente nunca hablamos de ella, quizá tampoco habíamos realmente entendido la letra hasta ese 28 de Agosto.

La escucho y cierro los ojos. Cierro los ojos buscando recordarte y para desesperadamente vivirte una vez más. Cuanto no daría por tocarte ahora mismo! tan solo tocarte! Confirmar que vives en este mundo, más allá de vivir en mis recuerdos. Cuanto no daría por sentir tu aroma en este preciso instante! ese olor ante el cual todos mis sentidos responden. Cuanto no daría yo por besarte! solo poder sentir la calidez de tus labios sobre los míos por unos pocos segundos y así olvidar que ya no estás.

Te extraño. No sé como dejar de hacerlo. Debo dejar de hacerlo? Puedo dejar de hacerlo? Quiero dejar de hacerlo? Incansablemente ocupo mis días tratando de entender como llegamos a este callejón sin salida. Lucho contra el hastío que me causa la rutina y este sabor agridulce que me da perderme en la remembranza de los momentos que vivimos, momentos que ahora parecen ser extractos de mis sueños.

Me esfuerzo para entender a dónde se fue tu valentía? Siempre he pensado que amar es para valientes, ya lo he dicho antes. El que ama arriesga, el que ama encuentra la manera, el que se atreve a apostar por el amor en tiempos como estos en lo cuales lo fácil es lo predilecto, es un héroe. No existen las excusas. El que ama, gana.

Duele. Duele cuando mueres a ti mismo y despiertas solo para ver que en ese justo momento que dejaste de mirar, todo cambió. Duele. Duele invertir tu nueva manera de ver, tu nueva manera de sentir, tu nueva manera de pensar, tu nueva manera de vivir en alguien que simplemente se rindió. Es tan frustrante cuando alguien elige verte de una sola manera y se deja vencer por la mente. El orgullo también gana? No. Me rehúso a pensar así. Creo que es más sensato pensar que si el orgullo apagó tus ganas de luchar, entonces no existía un amor verdadero. Cuestión que también, duele. Y mucho.

Mi amor intacto en mi corazón inmóvil, espera que el sabio tiempo haga lo suyo. Espero me de las respuestas que necesito, ya sea trayéndote de vuelta para amar también nuestra oscuridad o enterrándote en el olvido donde habita lo común.

Lo que diferencia a alguien valiente de un cobarde es que no se queda parado ante la bifurcación pensando en lo que pierde o en lo que renuncia, sino que ve en ti una victoria y ganancia suficiente como para no tener que mirar atrás. No se echa a un lado pensando que siempre puede venir algo mejor, porque acepta que el mundo es imperfecto, que tú lo eres… que los dos lo sois. Sabe que lo importante no es ni la realidad, ni lo que hay, sino lo que podéis llegar a crear, y para eso no hace falta ser perfectos, hace falta ponerse manos a la obra.” –  Pablo Arribas

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